Blog · 3 de septiembre de 2026
El alcohol y la UBE: medir lo que se normaliza
Es la sustancia más aceptada socialmente y la que más consultas genera. Ponerle números ayuda a verlo.
El alcohol tiene un problema añadido respecto a otras sustancias: está en todas partes y no consumirlo es lo que llama la atención. Eso hace que el consumo problemático tarde años en identificarse.
Una forma de medirlo
En clínica se usa la unidad de bebida estándar, la UBE, para poder comparar y registrar consumos con un criterio común:
- Una consumición de cerveza: unos 10 gramos de alcohol, 1 UBE.
- Una consumición de vino: unos 10 gramos, 1 UBE.
- Una consumición de destilados: unos 20 gramos, 2 UBE.
Contar en UBE en vez de en «unas cañas» convierte una impresión en un dato, y hace mucho más difícil el autoengaño.
Qué hace en el cerebro
El etanol es un depresor del sistema nervioso central. La euforia de los primeros momentos no contradice eso: se debe precisamente al efecto depresor sobre el sistema inhibidor GABA, que suelta el freno.
Actúa además sobre varios sistemas de neurotransmisión a la vez —opiáceo, gabaérgico, serotoninérgico y dopaminérgico—, lo que explica tanto su potencia depresora como su alta capacidad adictiva.
El cambio de patrón
El consumo total no ha subido mucho en los últimos años, pero sí ha cambiado de forma: del patrón mediterráneo, de fermentados y diario, al de atracón de fin de semana con destilados en poco tiempo. El segundo tiene peores consecuencias conductuales y sanitarias aunque el total semanal sea parecido.