Blog · 3 de septiembre de 2026
Terapia cognitiva de las drogodependencias: trabajar con lo que uno se dice
Entre el estímulo y el consumo hay un pensamiento. Identificarlo es la mitad del trabajo.
El enfoque cognitivo parte de una idea sencilla: no reaccionamos a los hechos, sino a la interpretación que hacemos de ellos. Entre una situación y una conducta hay siempre un pensamiento, aunque sea tan rápido que no lo notemos.
Los pensamientos automáticos
«Sólo una y controlo». «Después del día que llevo me lo merezco». «Total, ya da igual». «Nadie se va a enterar». Aparecen solos, suenan razonables en el momento y son el paso previo al consumo.
El primer trabajo es cazarlos: escribirlos cuando ocurren, no de memoria días después.
Las creencias de debajo
Bajo esos pensamientos hay creencias más estables: «no valgo», «no puedo con esto solo», «si me conocieran de verdad se irían». Son más antiguas que la adicción y suelen sobrevivirla si no se tocan.
Cómo se trabaja
- Registrar situación, pensamiento, emoción y conducta, en ese orden.
- Cuestionar el pensamiento con datos: qué evidencia hay a favor y en contra.
- Formular una alternativa que sea creíble, no un eslogan optimista.
- Probarla en la situación real y ver qué pasa.
Por qué se combina bien con el modelo Minnesota
Uno aporta la estructura y el marco de enfermedad; el otro, herramientas concretas para el día a día. No compiten.